Reseña de un Libro:
El Complejo de Adonis: La Crisis Clandestina de la Obsesión Masculina de la Imagen del Cuerpo
The Adonis Complex Por Harrison G. Pope Jr., MD; Katharine A. Phillips, MD; Roberto Olivardia, PHD The Free Press, una sección de Simon & Schuster Inc. Paginas 288 $25
Reseña por Benj VardiganCONSUMER HEALTH INTERACTIVE En el gimnasio de la secundaria, los niños se dividen en equipos para los juegos de baloncesto. Por supuesto, habrá ese temor de toda la vida de ser escogido de último. Sin embargo, hoy los niños se asustan aún más al oír las palabras "camisas y pelados". Hay momentos ansiosos mientras se toma la decisión: ¿A cuál de los equipos le tocará pasar el juego entero sin camisa? A un niño le da pena mostrar su "pecho de pájaro". A otro le horroriza pensar que al mostrar su panza toda su gordura de bebé quede al descubierto. Y a otro la idea de ducharse en público en los vestidores le es aún más preocupante. Estas actitudes forman parte natural de las inseguridades inevitables de la preadolescencia, un paso torpe por los ritos de la pubescencia, o más bien se las debe considerar coma pruebas tempranas de problemas de la imagen del cuerpo que perseguirán a estos niños hasta que sean adultos. Anteriormente, escaseaban los estudios clínicos en la mayoría de las revistas médicas, aulas de la universidad y conversaciones acerca del género que se enfocaban en las inseguridades que sentían los hombres acerca de sus cuerpos. Aún más importante, en la opinión de los autores de The Adonis Complex (El Complejo de Adonis), los hombres tienden a no expresar sus temores, aún cuando estos últimos empiezan a manifestarse en una conducta excesiva. Dicen los autores que muchos hombres están obsesionados con deficiencias físicas imaginadas, las cuales muchas veces guardan por dentro porque les da vergüenza revelar su incomodidad. Harrison G. Pope, profesor de psiquiatría en Harvard, Katharine A. Phillips, profesora asociada de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad Brown, y el psicólogo Robeto Olivardia del Hospital McLean provocaron controversia cuando en 1996 publicaron un trabajo sobre un síndrome que afectaba principalmente a los hombres, síndrome que describieron como "un tipo poco reconocido de dismorfia del cuerpo". El trastorno de la dismorfia del cuerpo es una enfermedad psicológica en la cual los afligidos se obsesionan con un supuesto desperfecto en su apariencia. Esta obsesión se vuelve tan severa que hasta llega a perjudicar la vida cotidiana. Los investigadores determinaron que un número cada vez más alto de hombres están convencidos que son horriblemente feos por no lucir un cuerpo lo suficientemente musculoso y sin grasa (aunque, como en muchos casos, la evidencia muestre todo lo contrario). Para corregir el defecto imaginario, adoptan un régimen de comida y ejercicio obsesivo y excesivo. Pope y sus otros colegas han bautizado esta enfermedad con el nombre dismorfia de músculo. Tomando en cuenta lo arriba mencionado, los autores plantean en El Complejo de Adonis que la entrada de mujeres en los últimos 30 años en posiciones en el mundo de trabajo antes dominadas exclusivamente por los "machos" ha creado el síndrome de "la masculinidad amenazada". Ahora, entre las filas de los altos ejecutivos, jefes de policía y pilotos de aviación es común encontrar mujeres. Hoy en día, algunos hombres creen que la única manera que pueden lucir su masculinidad es por medio de sus cuerpos, afirman los autores. Los investigadores identifican una tendencia cada vez más pronunciada hacia el uso de esteroides, un aumento en imágenes en anuncios de modelos masculinos semidesnudos con sus abdómenes fuertes como hierro y una explosión en revistas que tratan de temas de la salud corporal masculine -- todo durante el mismo período de tiempo. Sume todo esto, dicen ellos, y tendrán una imagen del cuerpo masculino poco realista y poco alcanzable. Con 15 años de investigaciones basadas en encuestas, tablas y anuncios que lucen imágenes del cuerpo masculino y entrevistas con hombres de todo el mundo, desde el centro de Boston hasta el campo austriaco, los autores plantean que este ideal poco alcanzable ha sometido a los hombres a los mismos malestares que han afectado a las mujeres a través de la historia. Los estudios que exponen las dimensiones poco realistas de las muñecas Barbie llevaron a Pope, Phillips y Olivardia a teorizar que a lo mejor había un equivalente masculino. Lo hallaron entre estos personajes tan populares entre los niños: Batman, Han Solo y G. I. Joe. Se sirven de fotografías para trazar el desarrollo de un G. I. Joe de un soldado de apariencia insignificante en los años 60 hasta su transformación en un superhéroe con músculos desmedidos en una rabia perpetua (causada se puede suponer, por los esteroides). Esta metamorfosis, afirman los autores, refleja la obsesión creciente que padecen los hombres con su muscularidad. Los autores citan una serie de casos particulares para mostrar que existen otras señales de que las actitudes de los hombres hacia sus propios cuerpos han cambiado -- y no para bien. Al hablar de su caso de dismorfia, un físico culturista delgado, de 20 años, de músculos bien definidos y con un peso de 230 libras, explicó que le preocupaba tanto parecer débil que había añadido un botón extra a los puños de su camisa para que al apretar las mangas sus brazos parecieran más musculosos. Otro ni siquiera quería quitarse la camisa para tomar el sol en su propio patio porque existía la posibilidad de "que un avión pasara y me viera". Varios hombres dijeron que sus relaciones amorosas habían fallado debido a sus problemas con su imagen corporal. Un hombre no quiso besar a su novia durante dos semanas por el temor de tragar calorías no deseadas procedentes de su saliva. Varios hombres llegaron hasta el punto de tomar esteroides como la única manera de alcanzar los cuerpos que veían en las portadas de las revistas con hombres musculosos. Los trastornos alimentarios, otro problema previamente no bien estudiado entre los hombres, surgían en muchos de los sujetos como manera para mantenerse delgados. Como resultado de la anorexia, un hombre de 5 pies 10 pulgadas de estatura terminó pesando 85 libras después de empezar un régimen de tres hojas de lechuga por día (una con salsa de tomate). La mayoría de la gente fácilmente reconocería esto como un problema si le pasara a una mujer. Pero para un hombre que sabe muy bien que padece un trastorno alimentario, muchas veces no hay un lugar adonde puede acudir. Los autores subrayan que, al igual que las mujeres, los hombres necesitan lugares donde pueden hablar con toda confianza de sus problemas. Es poco probable que un hombre vaya a entrar en un grupo dedicado a los trastornos alimentarios integrado mayormente por mujeres. Los varones adolescentes y los hombres en general están algo retrasados en el aprender cómo enfrentar los ideales imposibles que promulgan los medios de comunicación, dicen los autores. "Por lo general, se supone que los 'hombres verdaderos' no deben preocuparse por su apariencia, y mucho menos confesar estos sentimientos a los demás". Ellos opinan que este sufrir en silencio es el responsable de algunos de los casos más escalofriantes. "Jeremy odiaba sus pantorrillas, pensando que lucían demasiado grandes. Para disminuir su tamaño, las amarraba con una soga en las noches mientras dormía hasta tal punto que se volvían azules debido a la falta de circulación. También dormía con un gancho en la nariz para hacerla más pequeña. Desesperado, después de que varios cirujanos le denegaron una operación, él se dio en su propia nariz con un martillo. 'De esta manera, tendrán que reparármela', dijo él." Muchos de estos relatos pueden parecer algo fantásticos, y casi es de esperar que los autores cuenten que están al punto de descubrir una sociedad clandestina, un tipo de "fight club," donde los hombres se tiran unos encima de otros para pelear hasta sacarse sangre para comprobar o reclamar su hombría. Pero los autores se esmeran por mantener sus investigaciones estrictamente científicas. Y no aceptan el uso, por ejemplo, del término "bigorexia," una palabra más bien alarmista a menudo usada para describir dismorfia muscular, porque implica que necesariamente involucra un desorden alimentario. También quieren aclarar otro punto -- la dismorfia muscular no es, técnicamente hablando, una condición nueva, como señalan algunos artículos. De hecho es una especie de desorden de tipo obsesivo-compulsivo en la cual el ejercicio se convierte en el acto compulsivo. A la luz de estas anécdotas algo extremistas, quieren recordar a los lectores que un hombre que practica algún deporte o va al gimnasio con frecuencia y mantiene la línea no sufre necesariamente de una preocupación que va más allá de lo normal. El libro propone unas 28 preguntas diseñadas para ayudarle a reconocer los síntomas del trastorno de la dismorfia del cuerpo en si mismo o en alguien que conoce: "¿A veces falta a eventos (por ejemplo funciones sociales, laborales o escolares) porque se siente tan poco atractivo que ni siquiera quiere que lo vean?" o "¿Le parece que su hijo está preocupado con verse como los hombres musculosos en las revistas de físico culturismo, tiras cómicas, la televisión o el cine?" Para aquellos que se interesan más en lo clínico, hay un apéndice con los criterios de la Asociación Psiquiátrica Americana (American Psychiatric Association) para diagnosticar este trastorno y los trastornos alimentarios. Parte de su amplio análisis puede abrir el camino a las críticas. Por ejemplo, cuando plantean un paralelo entre logros en el movimiento de la liberación de la mujer y cambios en la imagen del cuerpo en los hombres, como el hecho de que tanto la publicación de la guía de salud feminista Our Bodies Ourselves y la primera cirugía para extender el pene ocurrieron en 1970, ¿hacia qué van? También la organización del libro parece un poco torpe de vez en cuando, y los autores tienden a repetir las mismas conclusiones y discusiones por todo el libro. Algunos lectores podrían sentir que la variedad de temas que abarcan los autores es demasiada—de hecho, cualquier capítulo en sí podría merecer todo un libro. Aparte de estas críticas menores, El complejo de Adonis ofrece una perspectiva amplia y fascinante de conceptos que apenas están empezando a salir a la luz en la cultura popular. Por esta razón para ambos sexos puede ser útil leerlo. Sobre todo, los hombres pueden encontrarlo tan oportuno como sugestivo. Armado con algunas de las teorías, a lo mejor va a replantearse ese afán de tener ese abdomen de película como si fuera el Santo Grial. ¿Y que pasó con las mangas largas que llevaba, aun en el verano, para cubrir lo que pensaba que eran sus muñecas flacas? ¿Todavía trae consigo, en alguna parte escondida de su ser, esas obsesiones tan flamantes? Este libro ilumina a hombres y a niños sobre lo que ven -- o creen ver -- en el espejo y que raras veces comparten con sus semejantes. -- Benj Vardigan es editor principal de Consumer Health Interactive y ganador del premio Periodista Joven Destacado (Outstanding Young Journalist) del capítulo del Norte de California de la Sociedad de Periodistas Profesionales (Society of Professional Journalists).
Revisado por Charles E. McLaughlin, MD, que enseña en la Universidad de California en Berkeley.
Publicado por primera vez 28 de marzo de 2006
Copyright © 2006 Consumer Health Interactive
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