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La Nueva Forma de Concebir el Dolor Crónico

Desde las agencias nacionales para la salud hasta el despacho de su médico, el dolor crónico está empezando a recibir la atención que merece.


Por Dorothea Z. Lack, Ph.D
CONSUMER HEALTH INTERACTIVE

“Antes de despertarme plenamente puedo sentir el dolor. Me siento como tieso y con un gran peso encima. Siento como que no voy a poder moverme ni salir de la cama. Los dedos de la mano derecha los tengo entumecidos y hay un arco de dolor, empezando en los hombros y terminando en las yemas de los dedos. Un segundo arco empieza en la rabadilla y termina en medio de la pantorrilla de las dos piernas. De hecho, me es sumamente difícil moverme, y cada día es así” .

Estas son las palabras de Ashley G.*, una mujer de 55 años con osteoartritis avanzada. No es un caso único: cada mañana, cerca del 20 por ciento de los estadounidenses se despierta con dolor, muchos con un dolor tan severo que ni siquiera pueden levantarse de la cama. Según la Sociedad Americana del Dolor (APS, según sus siglas en inglés), el dolor crónico, que se define como el dolor que dura por semanas, meses, aun años, es el principal problema de salud del país. El dolor es la razón más común por la que la gente busca ayuda médica. Esto cuesta a la nación más de $100 mil millones al año en salarios perdidos, procedimientos médicos, pagos para la incapacidad y medicamentos a largo plazo. Y ese precio no incluye la aflicción y sufrimiento de los pacientes, o el impacto en sus familias.

“A pesar de que el dolor no mata, puede hacer la vida casi insufrible", dice Michael Potter, MD, un médico de familia y profesor asociado del Centro Médico de la Universidad de California que ha hecho investigaciones y publicaciones acerca del tratamiento del dolor crónico. “Una cosa está clara: no hacemos lo suficiente para tratarlo”.

Sin embargo, muchos pacientes pueden encontrar una nueva fuente de esperanza, gracias a la atención reciente y los fondos dedicados al dolor crónico. Reconociendo que el dolor es una cuestión seria, los profesionales de salud ahora lo llaman “la quinta señal de vida”. Los médicos y los investigadores ya no consideran el dolor como una parte inevitable de enfermedades y lesiones. Aunque aún hay un camino muy largo que recorrer, existe la voluntad de tratar de entender mejor el dolor y buscar maneras de tratarlo.

Para empezar, el gobierno federal está prestando atención al problema. El Congreso ha declarado 2001 a 2010 la Década de la Investigación y el Control del Dolor, y un proyecto de ley que convierte el dolor en una prioridad de salud está siendo considerado en el mismo. Si lo aprueban, el Pain Care Policy Act of 2003 (el Decreto del Cuidado del Dolor) brindaría hasta $61 millones de dólares para la investigaciones y crearía un centro de investigación de dolor en los Institutos Nacionales de Salud. Por otra parte, incluso si se aprueba la legislación, las investigaciones sobre el dolor se quedarán atrás en comparación con otras prioridades de salud nacional. Por ejemplo, los Institutos Nacionales de Salud gastaron más de $4.6 mil millones en las investigaciones de cáncer en 2003. A un nivel más cotidiano, si usted tiene que quedarse por un tiempo en el hospital, a lo mejor encontrará que aparte de revisar sus señales de vida—el pulso, la presión sanguínea, la temperatura y la tasa de respiración – su médico preguntará si está experimentando algún dolor. Si contesta que sí, es probable que le pida que evalúe su dolor. Los médicos usan una serie de escalas para evaluar el dolor y entender mejor los niveles de dolor de los pacientes, incluyendo una basada en las expresiones de la cara para las personas que no habla inglés.

La mayor parte del tiempo, sin embargo, le preguntará de qué nivel es su dolor en una escala de 0 a 10, con 0 para ningún dolor y el 10 siendo el dolor más severo que uno puede imaginar. Por otro lado, si usted está sufriendo dolor – si está internado en el hospital o en el despacho de su médico – no espere a que le pregunten. Comuníquese. Hable con su médico acerca de su dolor tan detalladamente como pueda. Asegúrese de que al terminar la consulta su médico tenga un plan para intentar encontrar la causa de su dolor, y de contar con un método para reducir el dolor mientras esté recuperándose.

Dos clases principales de dolor

Antes de que su médico pueda tratar su dolor, él o ella debe determinar la clase de dolor que usted siente y si una enfermedad subyacente puede causarlo. Hay docenas de condiciones médicas que pueden causar dolor; sin embargo existen dos tipos principales: neuropático y nociceptivo.

El dolor neuropático ocurre cuando los tejidos nerviosos se lesionan, como sucede en enfermedades tales como la diabetes o el herpes zóster (la culebrilla). Suele causar una sensación punzante o de ardor. El dolor nociceptivo es causado por la enfermedad o daños a los tejidos mismos del cuerpo, y se debe a la inflamación de músculos o de los tejidos interiores de las articulaciones. Las quemaduras, las cortaduras, el dolor de la artritis o el dolor de la cirugía son algunos ejemplos. Muchas veces se siente como un dolor o presión continua. Algunas personas sienten una combinación de los dos tipos de dolor.

Saber qué clase de dolor tiene le ayudará al médico decidir el tratamiento adecuado. Las drogas que son eficaces, por ejemplo, para los dolores de la diabetes pueden ser inútiles para el dolor post-operativo. Para identificar cualquier enfermedad que puede estar causando su dolor, usted necesitará un examen físico, incluyendo un historial médico completo. Su historial médico contará alrededor del 80 por ciento de la historia, con el examen físico llenando otro 10 por ciento. Si hace falta, su médico pedirá análisis, radiografías u otro diagnóstico por imágenes para ayudar a tener un patrón más claro del problema.

Usted puede consultar al mismo tiempo a un terapeuta físico u ocupacional, quien evaluará sus debilidades y puntos fuertes. El dolor casi siempre causa algunas limitaciones físicas. No obstante, después de una evaluación adecuada su terapeuta puede ayudarle a mejorar su funcionamiento físico para que pueda pasar el día con más facilidad. Muchas clínicas de dolor incluyen ahora una evaluación psicológica que comprende una entrevista y varios análisis psicológicos para evaluar el impacto del dolor en su vida emocional. Aun si esto no es parte de su evaluación, asegúrese de contarle a su médico si siente ansiedad o depresión. La depresión puede intensificar el dolor que siente, y, por otro lado, el dolor puede afectar su perspectiva emocional de forma negativa. Esto puede convertirse en un círculo vicioso si no trata los dos a la vez.

Si una condición subyacente es identificada y tratada con éxito, eso podría ser el fin de su dolor. Muchas veces, sin embargo, la causa del dolor no se puede encontrar. Eso no quiere decir que no exista ni que no deba ser tomado tan en serio como el dolor que se puede vincular a una enfermedad o una lesión, sino que el tratamiento se enfocará en el dolor en sí. En ese momento, es importante tener metas de tratamiento realistas. El dolor crónico a lo mejor no va a esfumarse de una vez por todas, y encontrar la mejor manera de tratarlo podría tardar un buen rato en.

El tratamiento del dolor crónico

Una vez que su evaluación haya sido completada, su médico o equipo de cuidado de salud diseñará un plan para usted. Su médico podrá recetarle nuevos medicamentos, continuar los medicamentos que toma, o incluso establecer una fecha para quitar los medicamentos del todo.

En cualquier caso, los medicamentos son por lo general sólo una parte del manejo exitoso del dolor. Dependiendo de su diagnóstico, su póliza de seguro, y cuánto puede pagar, su médico le recomendará que intente una de los varios tratamientos alternativos tales como la bioretroalimentación o la acupuntura.

Ningún método complementario es una garantía de ayuda, pero probando puede encontrar uno o varios que funcionan para usted. A continuación hay algunas terapias alternativas communes:

* La bioretroalimentación, la hipnosis y la auto-hipnosis, las técnicas de relajación, u otros métodos que enseñan las técnicas de condicionamiento y por imágenes para manejar su dolor

* La acupuntura

* Las compresas frías o calientes

* Los ungüentos anestésicos o pomadas

* El masaje

* Estímulo eléctrico transcutáneo (TENS, según sus siglas en inglés), una corriente leve eléctrica aplicada al área adolorida.

* El yoga, que mejora el tono muscular y la flexibilidad para ayudar a las articulaciones adoloridas.

* La terapia física.

El ejercicio, de hecho, puede llegar lejos en el alivio de ciertas clases de dolor crónico. En un estudio, los investigadores del Centro para la Actividad Física y la Nutrición de la Universidad de Tufts dividió un grupo de personas con artritis en las rodillas en un grupo que hizo entrenamiento progresivo de fuerza por cuatro meses y otro que asistió a charlas para darles ánimo e instrucciones para comer mejor.

Los resultados fueron abrumadores: después de cuatro meses, el dolor entre los que hacían ejercicio bajó en un 43 por ciento, comparado al 12 por ciento en el grupo de control. “De repente, la gente que había encontrado las actividades cotidianas más y más difíciles y dolorosas podían participar en la vida de una manera que les había sido imposible por mucho tiempo”, escribió el investigador principal.

Asegúrese de seguir el programa de tratamiento que su médico ha creado para usted. Si quiere intentar algo como el yoga o el masaje que no forma parte de su programa, consiga primero la aprobación de su médico y asegúrese que el instructor sea un profesional certificado. En algunos casos, si ningún otro tratamiento tiene éxito, su médico podría sugerir una intervención quirúrgica.

Vivir mejor con dolor crónico

Aparte de un diagnóstico adecuado y un plan de tratamiento, se puede hacer mucho para mejorar la vida de los que padecen dolor crónico. La Asociación Americana de Dolor Crónico ofrece estas sugerencias:

Acepte el dolor. Esto no quiere decir que no exista una manera de aliviar el dolor—nada de eso, sino solamente decir que no puede deshacerse de él completamente. Aceptar esto puede ayudarle a seguir adelante y aprender a soportar el dolor de modo que no adquiera demasiada importancia.
Asuma un papel activo en su tratamiento. Considere a su médico o su equipo médico como sus socios y aprenda tanto como pueda acerca de su condición y sus opciones de tratamiento. No tenga miedo de preguntar cosas y hacer su propia investigación. Algunas veces una combinación de tratamientos pueden resultar lo más eficaz. Si se topa con algo que cree que podría ayudar, háblele a su médico al respecto.
Desarrolle un plan de ejercicio y manténgalo. Mucha gente con dolor crónico suele ser menos activa porque les duele al moverse y después se dejan aflojar por la falta de ejercicio. Esto puede resultar en un ciclo vicioso—una pérdida del tono muscular, y su condición puede resultar de hecho en mayor dolor y menos actividad. Su médico puede ayudarle a encontrar el nivel apropiado de ejercicio para incrementar con seguridad su fuerza y flexibilidad.

Dr. Jerome Groopman es un médico y autor que se recuperó lentamente de dolores atroces como resultado de una lesión de la espalda. Una vez preocupado por una mejoría posible, se alentó cuando sintió que la terapia física, los estiramientos y los ejercicios, conjuntamente con algunos cambios en su modo de pensar en el dolor, le ayudaban a sentirse mejor. En su libro, The Anatomy of Hope, escribe: “Empecé a caminar – cinco cuadras, luego 10, después 15, una milla. Me reté a viajar distancias más largas, de subir una o dos cuestas empinadas. El avanzar a cada nivel mayor causó días de espasmos y regocijo a la vez, pero intenté no hacerle caso. Mi cuerpo debía deshacerse de una vieja forma de memoria para adquirir una nueva narrativa. Después de poco más de un año, los dolores cotidianos se habían terminado”.

Las emociones también juegan un papel

Nuestras esferas emocional y física están estrechamente vinculadas, sobre todo en lo que se refiere al dolor crónico. El Centro de Manejo del Dolor de la Universidad de Stanford sostiene que la gente que padece de dolor crónico puede sentirse sin esperanza, llena de rabia o tristeza, y sus vidas personales y su trabajo pueden sufrir a causa de eso.

La terapia individual o de grupo puede ayudar. En las sesiones individuales, puede aprender técnicas cognitivas para ayudar a conquistar su temor a la actividad, para aprender que el dolor no siempre equivale al daño. Cuando se padece de dolor crónico, duele hacer ejercicios o mover el cuerpo, y resulta difícil darse cuenta de que el dolor no es una señal de que se está lastimando a sí mismo. Una vez que su médico haya confirmado que el movimiento y el ejercicio no causarán ningún daño, puede aceptar que no hay que temer el dolor, y puede empezar a gozar de algunas de sus actividades favoritas a pesar del mismo.

Con persistencia, la mejoría es posible. Lo más importante es que no se desespere, dice Groopman. “Estamos apenas empezando a apreciar el alcance de la esperanza y no hemos definido sus límites. Yo veo que la esperanza es el corazón del proceso de recuperación.

Para aquellos que tengan esperanza, puede que ésta ayude a algunos a vivir una vida más larga, y a todos los ayudará a vivir mejor”.

-- Dorothea Z. Lack, Ph.D. es una psicóloga clínica que ejerce en San Francisco. Fue la primera psicóloga de plantilla en el Centro del Dolor de Stanford y es ayudante voluntaria de cátedra en la Facultad de Medicina de la Universidad de California, San Francisco, donde su curso sobre la relación médico-paciente le valió un premio por excelencia en enseñanza.

* Se ha cambiado el nombre de esta persona.



Referencias


American Chronic Pain Association. “Managing Chronic Pain.” http://www.theacpa.org/pf_02_04.asp.

American Pain Foundation. “Fifth Vital Sign.” Scott M. Fishman, M.D. http://www.painfoundation.org/page.asp?file=QandA/FifthVitalSign.htm&menu=1.

American Pain Society. “Pain: Current Understanding of Assessment, Management and Treatments.” http://www.ampainsoc.org/ce/npc/.

Arthritis Today. “Almost a Great Time for Pain.” Jeanne Doran and Donna Rae Siegfried. July-August 2004.

Groopman, Jerome. The Anatomy of Hope: How People Prevail in the Face of Illness. Random House. 2003.

Merck Manual of Medical Information. http://www.merck.com/mmhe/sec06/ch078/ch078d.html

The National Pain Foundation. “Using Complementary Therapy to Relieve Pain.” http://www.painconnection.org/MyEducation/News_Complementary.asp

Office of Legislative Policy and Analysis. National Pain Care Policy Act of 2003 (H.R. 1863). http://olpa.od.nih.gov/tracking/house_bills/session1/hr-1863.asp.

Cancer Research Funding. National Cancer Institute. http://cis.nci.nih.gov/fact/1_1.htm

Nelson, Miriam E, PhD, et al. Strong Women and Men Beat Arthritis. Putnam Publishing Group, 2002.



Revisado por Revisado por Joshua Rassen, MD, FACP, internista certificado oficialmente y especialista en geriatría en San Francisco.

Publicado por primera vez 11 de diciembre de 2006
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