La Ansiedad Dental
Por Susan ZakinCONSUMER HEALTH INTERACTIVE Tim Day es un sargento mayor en las Fuerzas Aéreas. Cuando estalló la Guerra del Golfo a principios de los años 90, él fue uno de los primeros en alistarse como voluntario para la Operación Desert Storm. También corre hasta tres millas por día y juega al fútbol americano con contacto total, de cuyos juegos sale muchas veces ensangrentado y magullado. Sin embargo, se pone tan horrorizado cuando le toca ir al dentista que por nueve años se negó a hacerse una limpieza dental. Ahora, cuando llega el momento de una visita rutinaria al dentista, su esposa lo engatusa con cualquier pretexto para que se meta en el carro usado, y sólo cuando el cinturón de seguridad está apretado y su pie está en el acelerador le revela adónde van. “Que me manden a Desert Storm, que me manden a Irak”, dijo Day recientemente mientras esperaba un examen dental. “Que me disparen, pero que no me envíen a la clínica dental. Que me maten o que me estallen una bomba, yo prefiero todo eso que sentarme aquí en esta silla”. El caso de Day puede parecer exagerado, pero no está solo en sus temores. Alrededor de 25 millones de norteamericanos se niegan a ir al dentista por miedo, según la Academia de Odontología General. De hecho, millones de pacientes viven con sus problemas dentales porque tienen miedo de someterse a los procedimientos para repararlos, un pavor que en su forma más extrema se llama odontofobia. Como Day, hay algunas personas que prefieren aguantar el peligro o el dolor punzante de un dolor de muelas que visitar al dentista. ¿Que hay detrás de esta fobia dental? “Para la mayoría, es la anticipación del dolor y no el dolor en sí”, dice el Dr. Ed Carlson, quien llegó a ser, a fin de cuentas, el dentista de Tim Day. La causa principal de las ansias dentales es la memoria de una experiencia no placentera, tal como un labio partido, que ocurrió en la silla del dentista, según los investigadores. Los pacientes que de niños fueron atados a sus asientos, o cuyos dentistas hicieron caso omiso de sus protestas de dolor, también pueden revivir sus sentimientos de pánico e impotencia cuando visitan el dentista siendo adultos. Sin embargo, el trauma no explica por qué el soldado Tim Day quiere huirse a la mera mención de una simple limpieza. Ese nivel de fobia dental suele provenir de dos factores propios de la práctica de odontología: la índole invasiva del trabajo y la pérdida de control del paciente, según el Dr. Matthew Messina, un vocero de la Asociación Dental Americana. “Para tratarle como dentista yo tengo que entrar en su ámbito personal”, dice Messina, que tiene una clínica dental privada en Cleveland. “Yo tengo que estar físicamente más cerca que cualquier otro médico –al menos mientras el paciente está despierto”. Además, uno se siente muy indefenso mientras que alguien le manipula cosas en la boca. No sólo es el acto en sí incómodo, sino que uno ha perdido la capacidad de comunicarse verbalmente. Durante un procedimiento, un paciente está por lo general encerrado en una silla con las mandíbulas abiertas, mirando al cielorraso sin poder ver lo que está haciendo el dentista –lo que facilita toda clase de imágenes terribles. Tim Day, por ejemplo, está obsesionado por el dolor pavoroso que sentiría si alguien penetrara sus encías delicadas con una aguja. Irónicamente, el entrenamiento para la batalla que hace que Day sea tan altamente sensible a las amenazas físicas puede ser la misma cuestión que le hace tan difícil rendir el control en la silla del dentista. Tratar al paciente con ansiedad
Lo peor de la ansiedad dental es que puede ser un pronóstico que se cumple a sí mismo. Cuanto más se evita ir al dentista peor se hace el miedo de ir, y cuando finalmente uno se esfuerza en ir posiblemente encontrará una situación que requerirá más procedimientos invasivos y más dolor. Afortunadamente, los dentistas ahora reconocen que la ansiedad dental es un problema para mucha gente, y tienen técnicas para aliviarla. La Asociación Dental Americana (ADA), por ejemplo, aprueba el uso de las técnicas simples de relajación, tales como dar sedantes si hacen falta. Si los dentistas hacen caso omiso del dolor y de la ansiedad, el ADA dice en una declaración, “varios procedimientos dentales son de hecho imposibles, y muchos pacientes no buscan el tratamiento dental requerido”. La mayoría de los pacientes se ponen muy nerviosos cuando tienen que someterse a una inyección, dice Carlson –un temor que la profesión ha tomado en cuenta. “Hemos podido minimizar eso al usar las agujas más pequeñas y mejorar las técnicas”, explica. “Hemos trabajado duro para que sea menos incómodo”. De vez en cuando, la extracción de una muela puede ser más dolorosa de lo que uno esperaba, lo mismo que la cirugía periodontal, dice Carlson. No obstante, con las nuevas técnicas casi no hay dolor alguno en empastar las caries pequeñas y en las extracciones rutinarias, aunque en algunos casos habrá un poco de incomodidad cuando la anestesia deja de tener efecto. Por supuesto, los sedantes y las buenas técnicas en sí no resuelven el problema. Una de las maneras mas eficaces de controlar la ansiedad es una de las más antiguas: ganar la confianza de sus pacientes, según el Dr. Howard Weiner, profesor de ciencias del comportamiento y odontología en la Escuela de Medicina Dental de la Universidad Tufts, quien lleva 20 años estudiando la ansiedad dental. En los días de antaño, cuando los taladros eran tan ruidosos, era el taladro en sí el que daba miedo a los pacientes. Hoy en día, la causa mayor de la ansiedad es el trauma de las visitas dentales del pasado, pero en segundo lugar hay algo nuevo: la preocupación provocada cuando un dentista aparenta tener mucha prisa, según Weiner. “La sociedad ha cambiado”, dice Weiner. “Tenemos temores distintos”. Los pacientes se ponen ansiosos cuando sienten que un dentista no está tomando el tiempo de escuchar sus preocupaciones, contestar sus preguntas o explicar los riesgos y beneficios de diferentes tratamientos, según Weiner. Por añadidura, los pacientes pueden preocuparse acerca del momento en que la anestesia deje de funcionar, de si el entumecimiento que experimentan (por parte de la anestesia) es seguro, y de si los instrumentos dentales son limpios. Aunque el nivel actual de esterilización usada en la odontología mata a los gérmenes peligrosos, incluyendo al SIDA, algunas personas todavía tienen miedo que los instrumentos dentales podrían propagar el SIDA. Todos los aspectos estresantes de la experiencia, según Weiner, pueden provocar un desequilibrio químico en el cerebro que lleva a que el paciente experimente ansiedad. Aunque tal pánico abruma tanto a los pacientes como para el personal, algunos proveedores han encontrado maneras creativas para calmar los temores de sus pacientes. En un artículo para el Journal of the Canadian Dental Association, el gerente del despacho dental Linda Tabakman recuerda cómo brindó apoyo y al final se ganó la confianza de un paciente de 10 años que estaba experimentando un verdadero ataque de pánico. El niño llevaba dos días con un dolor en los dientes y estaba allí para que le sacaran dos dientes con abscesos. Tabakman dijo que cuando ella le oyó lloriqueando antes que empezara el procedimiento, se sentó cerca de él y empezó a darle un masaje en las manos. Le dijo que le daba pena que tuviera tanto dolor, y luego decidió darle un poco de control al dejarle escoger si quería someterse al procedimiento ese día o regresar otro día. Él eligió quedarse, y empezó a sentirse mejor acerca de lo que le venía encima. Ella le enseñó algunas técnicas de respiración y respiraba con él mientras le extraían los dientes. Una vez terminado, el niño contó que era “la mejor extracción” que había experimentado en su vida. Con el paso del tiempo, se hizo un paciente fiel. Como en el caso de este niño de diez años, hay cosas que usted puede hacer por sí mismo para disminuir la fobia dental. Primero tiene que darse cuenta de que es un temor que puede superar, según el Centro de Tratamiento para la Fobia Dental de Nueva York. La buena comunicación con su dentista y el personal del mismo es de suma importancia— si no la tiene, busque otro dentista, dice el grupo. Sea honesto tanto acerca de sus temores como de la dosis de tratamiento que puede tolerar en una sola cita. Aprenda algunas técnicas de relajación, y considere la posibilidad de llevar su propio reproductor de discos compactos con música que encuentre tranquilizadora. Acuérdese, también, de que la odontología ha progresado un largo trecho desde los días en que los baby boomers tenían que aguantar todo estoicamente cuando visitaban al dentista. En los años 60 y los 70, algunos dentistas estaban tan impresionados por los taladros de alta velocidad que les permitía reparar las caries en unos pocos minutos que muchas veces abandonaban la anestesia del todo y obligaban a los pacientes a soportarlos. Hoy en día, la norma de ayer, Novocaína, ha sido abandonada por más de una docena de anestesias que permiten que los dentistas puedan controlar el plan de anestesia para alivio del dolor. "Puedo lograr desde que esté entumecido por seis horas hasta que esté algo entumecido por una hora”, dice Messina. Weiner dice que una cosa que ayuda a los pacientes para que puedan relajarse es explicarles los procedimientos fáciles, tal como la clase de anestesia que se usará y cuánto tiempo durará el efecto. Por ejemplo, cuando un dentista usa una anestesia para trabajar en un diente de abajo, el labio entero inferior debe estar entumecido. Si no, el paciente probablemente sentirá dolor. Proporcionar información de este tipo muchas veces ayuda a que el paciente sienta que está participando en su propio cuidado. Ponerse de acuerdo en las señas manuales cuando, por ejemplo, un paciente se siente incómodo o necesita un descanso también puede ayudarle a sentir que tiene más control. Muchos dentistas emplean artimañas de alta tecnología para suavizar la experiencia dental que incluyen gafas protectoras de realidad virtual que permiten a los pacientes ver la televisión (aunque ver la película The Marathon Man o un episodio de los Sopranos a lo mejor no les brindará la calma). Algunos pacientes escuchan música suave durante el tratamiento. Para los pacientes que tienen fobia a las agujas, hay alternativas tales como la anestesia eléctrica, que usa la electricidad para engañar al sistema nervioso del cuerpo y que no sienta el dolor. En casos extremos, un dentista podrá usar la anestesia general como sedante. Algunos pacientes toman un sedante oral antes de entrar a la oficina del dentista para amenguar el temor, pero esto puede afectar su capacidad para manejar la consulta. Según la dosis, los pacientes pueden estar, o bien semi-concientes, o completamente inconscientes durante el tratamiento. Alrededor de la tercera parte de los dentistas usan el óxido nitroso para sedar a los pacientes ansiosos. La ventaja es que un paciente no tiene que estar completamente anestesiado, y puede recuperarse plenamente para poder manejar a casa después del tratamiento. Últimamente, muchos dentistas han adoptado técnicas poco ortodoxas para inducir la relajación. Algunos colocan velas de aromaterapia encendidas en el consultorio y hasta proveen servicios de relajación normalmente encontrados en los spas, tales como las manicuras o los masajes de los pies o de la espalda. Aunque los pacientes cuentan que disfrutan de estar en el consultorio del dentista cuando reciben tales servicios lujosos, la ciencia ya no puede confirmar que tales servicios de hecho alivien la ansiedad. La comunicación: una cura sencilla
Messina cree que la mejor cura para la ansiedad dental es tomar el tiempo para comunicarse. “Debe haber un nivel de confianza que se establece”, dice Messina, haciendo eco de la creencia del Dr. Weiner. No sólo los dentistas, sino las higienistas dentales que trabajan con los pacientes necesitan comprender los temores de los pacientes, explicando lo que están haciendo y siendo sensibles al dolor de sus pacientes. Los pacientes mismos también necesitan hablar de sus preocupaciones por el tratamiento. “Lo mejor que pueden hacer es tratar de ser honestos consigo mismos y con el dentista cuando se sientan ansiosos”, dice Messina. Sugiere que sean abiertos en cuanto a sus experiencias en el pasado. Es dudoso que eso ayude a su dentista en su tratamiento, pero se asegurará de que los procedimientos que parecían traumáticos en el pasado hayan mejorado. Para Tim Day, el momento de la verdad vino cuando las Fuerzas Aéreas le dieron un ultimátum: vaya a ver al dentista o le sacamos de la lista de personas listas para el combate. Afortunadamente, Day ya tenía una recomendación por parte de su esposa, cuyo dentista era Ed Carlson. La esposa de Carlson, Dawn, también es higienista dental en su despacho. También ella pudo establecer lazos de buena comunicación con el sargento y por lo tanto, tranquilizarlo. “Confío en ella”, dice Day, “ella se lo ganó”. Para más pautas para sobrellevar la ansiedad dental, haga clic aquí --Susan Zakin es una escritora independiente y autora de varios libros que vive en Tucson, Arizona.
Referencias Academy of General Dentistry. Barry Manilow, Key toOvercoming Dental Anxiety? http://www.agd.org/consumer/topics/anxiety/manilow.asp
Revisado por Alan W. Budenz, MS, DDS, MBA, profesor adjunto de odontología en la University of the Pacific School of Dentistry en San Francisco, California.
Publicado por primera vez 13 de marzo de 2007
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