Por Connie Matthiessen CONSUMER HEALTH INTERACTIVEAbajo: • Una epidemia que no se puede pasar por alto • Pero no es así • No es sólo una cuestión de frecuencia • Intentar con un poco de ternura • Poner en alto la calefacción • Problemas más profundos • El matrimonio apasionado

En la película Far From Heaven cuatro amas de casa jóvenes conversan sobre sus vidas sexuales sorbiendo sus daquiris de mediodía. La más osada del grupo invita a que todas revelen los secretos de la vida sexual, o sea, ¿Cada cuándo quieren hacerle amor sus esposos? “Mike insiste en una vez a la semana”, balbucea una de las mujeres. “Bueno, para ti no te toca tan mal, entonces” dicen las otras entre carcajadas de risa. “Ron lo quiere 2 o 3 veces semanamente!” otra solloza. “Una amiga mía”, confía la líder del grupo. “Su esposo”, se disuelve en carcajadas medio borrachas. “Todas las noches de la semana, y tres veces el fin de semana. ¿Se imaginan?” Esta película proviene de los años 50 y la ropa y la decoración interior reflejan la época tanto como el pudor de muchacha que rodea las confesiones. Se ve el sexo como un deber de esposa, una actividad que, aunque no sea 100 por ciento desagradable, sí es cierto que hay que aguantarlo porque el esposo así lo quiere. Sin embargo, mientras que las mujeres hacen muecas al hablar de los apetitos de sus maridos, el tono que se comunica es de emoción incontrolable, alegre y efervescente. Medio siglo después, en una cocina de San Francisco, el tema es el mismo pero la conversación es muy diferente. Siete mujeres están tomando sorbos de vino alrededor de una larga y cómoda mesa. Todas estas mujeres -- en sus 30s y 40s -- tienen hijos. Algunos trabajan fuera de casa y otros no. Tanto como ocurrió en la película, la conversación se enfoca en el sexo. Sin embargo estas esposas contemporáneas no consideran que la recámara sea el dominio exclusivo del esposo, ni dejan el cuando ni el cuanto para su juicio solo. Las confesiones se dan poco a poco, no por pudor, claro -- ni existe una emoción prohibida subyacente como en los 50s -- entre estas mujeres hay un tono de cansancio tajante, de resignación. “Estamos hablando de una vez al año, máximo”, confiesa una mujer. “Una vez, o dos, digamos”. “Cómo que me siento aliviada”, dice otra. “Casi no me acuerdo cuando fue la última vez. Siempre dice que se siente exhausto”. “Los dos estamos exhaustos”, confiesa una tercera. “Érase una vez cuando no podíamos no tocarnos. Ahora, cuando se acerca la hora de dormir, lo que quiero hacer yo es leer mi libro y dormirme”. Una epidemia que no se puede pasar por alto Las experiencias de estas mujeres reflejan lo que la prensa y los íconos populares tales como Oprah Winfrey y Dr. Phil señalan como un fenómeno cultural creciente: el matrimonio sin sexo. Docenas de nuevos libros y artículos en las revistas para mujeres ofrecen consejos para contrarrestar la nueva escasez de sexo en los matrimonios. Un artículo en Newseek añade unas cifras al problema: “Es difícil decir precisamente cuántos de los 113 mil millones de parejas norteamericanas sienten que están demasiado cansados o irritados para hacerlo, pero algunos psicólogos calculan que entre 15 y 20 por ciento de parejas hacen el amor no más que 10 veces al año, lo que los expertos definen como el matrimonio sin el sexo”. Y el problema no afecta solamente a las parejas casadas: el asunto afecta más bien a muchas parejas a largo plazo, casados o no, hétero o homosexuales. Entonces, ¿que pasa? La sociedad contemporánea está inundada por las imágenes sexuales, de las canciones poco decentes y los episodios de MTV que son aceptados como parte de la cultura adolescente a los anuncios que llenan cada revista de altos valores de producción a la industria siempre creciente de la pornografía de internet. Tomando en cuenta todo esto, sería más que razonable pensar que todo este tráfico de imágenes podría resultar en más, no menos actividad sexual. Pero no es así “Claro, es cierto que mucha gente cree que hacen el amor menos de lo que deben“, dice Mary Ann Leff, consejera para matrimonios y familias. “El problema se ha empeorado en los años recientes”. Desafortunadamente, no tenemos mucho en cuanto a datos fieles para saber que tanto sexo la gente gozaba en el pasado”. Leff, entre otros peritos, señala que cuando se habla del sexo, las parejas contemporáneas tienen expectativas muy distintas a las que tenían sus padres y sus abuelos. La generación de la posguerra, por ejemplo, alcanzó su mayoría de edad en una época de experimentación y flexibilidad sexual sin par. “La gente hoy cree que es su derecho tener una vida sexual satisfactoria, y, además, que eso debe durar muchos años”, dice Leff. En otras palabras, puede ser que no estemos gozando precisamente menos sexo que nuestros antepasados recientes, pero sí, puede que estemos expresando nuestra inconformidad al respeto”. Sin embargo, no se puede negar que muchas parejas contemporáneas ven su vida sexual ofuscada por las demandas incesantes de los hijos, la presión del trabajo, la falta de tiempo a solas -- y por fin, la falta de tiempo en si. Permitir que su relación física caiga al pie de una lista de quehaceres tan infinitas como frenéticas, dicen los expertos, puede llevar tanto a la frustración como a la soledad, la separación e incluso el divorcio. No es sólo una cuestión de frecuencia En su libro reciente, The Sex-Starved Marriage, la autora y psicóloga Michele Weiner Davis, subraya la importancia que el sexo juega en una relación saludable: “Ofrece a las parejas oportunidades para dar y recibir el placer físico, de conectar emocional y espiritualmente. Construye la intimidad y un sentido de compañerismo. Define la relación como algo aparte de cualquier otra. En resumen, el sexo es un vínculo poderoso que une a la pareja”. Cuando ese vínculo se deshace, añade ella, la falta de ello puede resultar en una amenaza a la relación en si. Dice Davis que no se trata de la frecuencia con que una pareja goza del sexo, sino de lo satisfechos que los dos se sienten: “Un matrimonio que carece de toda sexualidad muchas veces se define por el profundo desagrado que pueda sentir un miembro de la pareja cuando su infelicidad se pasa por alto, o es exagerada, o minimizada”. En el caso de una pareja de New Jersey, Robert y Melinda Williams*, la infelicidad del esposo se volvió desconsuelo para luego convertirse en la rabia y la enajenación. “Ya no tenía interés alguno”, dice Robert. “Y aunque yo entendía el por qué no tenía interés sexual -- los niños, la falta de sueño -- me dolía igual cada vez que me lo negaba. En algún momento -- y esto marcó el peor momento -- yo decidí esperar hasta que tomara ella la iniciativa en la cama. Nada sucedió por más de seis meses. Cuando al final yo estaba harto y le preguntaba cuánto tiempo había pasado desde la última vez en que habíamos tenido relaciones sexuales, no tenía ni idea. Para ella, no le hacía falta”. Poco a poco, la relación de la pareja deterioró por la manera en que Robert reaccionó al rechazo de Melinda con distancia y sarcasmo y ella se impacientó más y más con sus estados de ánimo que fluctuaban y su rabia. Robert decidió que quería una separación. Un nativo de New Hampshire, Benjamín Frank ha concebido otro método para sobrevivir la falta de interés que muestra su esposa en el sexo: El encuentra la satisfacción en otras partes. “Si no fuera por mis hijos, me iría, aunque hay mucho en nuestro matrimonio que me complace”, dice Frank. “Sin embargo, yo soy una persona sexual y sensual, y rechazo la idea de que tengo que no hacer caso a toda una parte de mi ser. Hemos conversado sobre esta cuestión hasta no poder más, hemos ido a un consejero. Ahora vivo con la situación de otra manera; me meto en relaciones no comprometidas, y uso la pornografía cuando se dé la oportunidad. Es una parte de mi vida que yo tengo que mantener a una buena distancia de mi matrimonio, claro, y yo sé que crea la distancia. Pero, para mi, no hay más remedio”. Estos ejemplos pueden dar la idea de que los hombres son los que son más afectados por un matrimonio sin sexo, pero Weiner Davis dice que no es así de fácil. Los hombres, dice ella, son tan propensos como las mujeres a ser la mitad de la pareja con la sexualidad apagada -- aunque son menos propensos a admitirlo. “Muchos expertos del sexo creen que el deseo bajo en los hombres es uno de los secretos mejor guardados en America... Pero no hay que equivocarse: Hay mil millones de personas, tanto mujeres como hombres, que simplemente no tienen mucho deseo sexual.” Intentar con un poco de ternura No muy lejos de la oficina de la psicóloga Mary Ann Leff en Berkeley, California, los estudiantes se toman de la mano mientras atraviesan el campus de la universidad: Una pareja está sentada en un banco cerca de una fuente, besándose y intercambiando confianzas susurradas; hay adolescentes con tatuajes y perforaciones en grupitos de mucha bulla y mucho regocijo en Telegraph Avenue, y los que se detienen para comer y flirtear en Blondie’s Pizza. Tal coqueteo y fácil energía sexual es precisamente lo que a muchas de las parejas que buscan la ayuda de Leff les hace falta. Leff abarca los problemas de cada pareja de forma distinta según las circunstancias individuales de cada una, sin embargo ella sí puede brindar unos consejos en general. “Yo creo que la gente juzga la cantidad de sexo que goza en vez de lo profundamente íntimos que se sienten”, dice Leff. “Para las parejas muy ocupadas con hijos y trabajos, el sexo puede ser difícil de conseguir. Sin embargo, hay otras maneras que pueden mantener la intimidad y comunicar el sentimiento de “Sí, somos amantes”, incluso si solamente hacen el amor una vez al mes”. Leff alienta a las parejas a buscar maneras de desarrollar la intimidad durante todo el día, no solamente en la recámara en la noche. “Intente cultivar una sensación de lo sexual con su pareja, fuera de los momentos en que están haciendo el amor”, aconseja ella. “Llámense por teléfono, por ejemplo, flirteen y hagan comentarios sugestivos: Eso ayuda a que fluya el jugo, y es una manera de intimar. O tome el tiempo de tocar su pareja, de acurrucar. Esto también le ayudará a sentirse más sexual, más atractiva y conectada”. Poner en alto la calefacción Una parte del problema puede ser el mito del sexo en si. ”Muchas personas creen que deben estar abrumados por el deseo antes de hacer el amor”, dice Leff. “Yo creo que a lo largo de una relación duradera, uno necesita sólo tener la voluntad de sentir sexualmente. Necesita responder a las comunicaciones de su pareja. Y entre más frecuentes las relaciones sexuales y más placenteras que son, más anima la voluntad de hacerlo otra vez”. En otras palabras, el hecho de hacer el amor puede alimentar el deseo en si y poner en alto la calefacción. Weiner Davis está de acuerdo: “El deseo es más bien una decisión. Ud. tiene que decidir que crear una relación sexual vibrante y emocionalmente satisfactoria es una prioridad. Tiene que descubrir y redescubrir nuevas maneras de alimentar su energía sexual”. Su libro ofrece varias maneras en que las parejas pueden hacer eso, desde la compra de ropa interior de seda hasta cambiar su manera de pensar en el sexo. Más que todo, las parejas necesitan crear el tiempo para el sexo, no esperar hasta que el ánimo le golpee. El psicólogo para familias basado en San Francisco Tato Torres dice que muchas parejas que son profundamente comprometidos el uno al otro admiten, bajo presión, que no toman las medidas básicas que son necesarias para mantener su relación. “Si sienten que su relación es verdaderamente importante, entonces tienen que alimentarla y aprovecharla”, dice Torres. “Eso significa tener un interés en el otro. Significa lucir bello el uno para el otro. Significa irse por un fin de semana aun si esté convencido que no tiene el tiempo”. Torres dice que él se niega a trabajar con parejas que no estén dispuestas a hacer de su relación una prioridad. Mary Ann Leff dice que mucha gente se aferra a la noción que el sexo debe suceder espontáneamente si es verdadero. “Fijar un horario para el sexo parece poco romántico. Pero piénselo. Cuando era joven y soltero las cosas no sucedían precisamente así. Si pensaba que esa noche iba a hacer el amor, llevaba un condón; no llevaba sus bragas rotas. De la misma manera, no hay maña que no valga cuando las parejas se ponen creativas acerca de planear sus encuentros sexuales”. Para Robert y Melinda, no fue hasta que el espectro de un divorcio inminente les amenazó que la pareja podía conciliarse. Sin que lo supiera Melinda, Robert empezó a hacer planes para mudarse a otro lugar. Al firmar el contrato arrendatario del nuevo apartamento, regresó a casa para decirle a Melinda que se iba y necesitaban sentarse para decírselo a los hijos. Melinda estuvo atolondrada. “Por la primera vez”, se acuerda Robert, “Ella supo lo infeliz que era. Para ese entonces no se trataba solamente del sexo. Habíamos empezado con la mala costumbre de hablar el uno al otro a regañadientes y estábamos viviendo en mundos apartes de muchas maneras”. “Entonces ella me sorprendió “, dice Robert. “Yo pensaba que ella sentiría un alivio y se pondría de acuerdo fácilmente a una separación, porque las cosas andaban tan mal entre nosotros”. Muy lejos de eso, el choque que experimentó Melinda se convirtió en una inundación de lágrimas, y le rogó a Robert a que le diera una última oportunidad a su matrimonio. Ella propuso que fueran a un consejero matrimonial, y por primera vez en mucho tiempo ella parecía escuchar lo que decía. Abrumado por su desesperación -- y su disponibilidad repentina de trabajar en la relación entre ellos -- Robert se puso de acuerdo a intentar una reconciliación. “Ahora, claro, no es nada perfecto”, dice Robert. “Sin embargo hemos hecho un trato con el cual los dos podemos convivir. Nos tratamos el uno al otro con más gentileza; estamos creando tiempo para intimar, saliendo los fines de semanas. Estamos íntimos otra vez -- en muchos niveles”. Problemas más profundos Mary Ann Leff, quien ha estado casada por 23 años, es graciosa y llena de energía también -- y es una optimista sin límites acerca de la posibilidad de que las parejas puedan resolver sus problemas sexuales. Sin embargo, ella advierte que para algunas parejas, los problemas son más complejos que un simple cambio de actitud o incluso la amenaza de divorcio. “Me preocupa a mí que tanto de lo que se ha escrito tiende a simplificar el problema”, dice ella, añadiendo que muchas parejas tienen vulnerabilidades que se ven reflejadas en sus vidas sexuales. Una puede temer el rechazo, por ejemplo, mientras que el otro teme la intimidad, que puede afectar la conexión sexual. La terapia es muchas veces la mejor manera para que las parejas resuelvan estos temores. Además, “el sexo es increíblemente sensible a lo que está pasando en todas áreas de la vida de la familia y del individuo”, dice la terapeuta y experto en relaciones íntimas Judith Wallerstein. “La enfermedad, sobre todo la cirugía, tanto como la depresión, la preocupación, y el estrés pueden afectar la vida intima de una mujer o un hombre”. De hecho, los terapeutas del sexo están de acuerdo que si se presentan problemas físicos o emocionales, hay que buscar ayuda. Entre otras cosas, los médicos o los psicólogos pueden efectivamente tratar cambios causados por la menopausia y problemas tales como la impotencia y la eyaculación prematura. Eloisa Smith* supo por un modo poco placentero que su esposo sufría de problemas psicológicos y que éstos afectaban a la vida sexual empobrecida de ellos. “Yo siempre pensaba que Tim tenia el líbido menos fuerte que yo”, dice ella. “Era un problema, pero yo pensaba que podíamos trabajar con ello con el tiempo”. Por una serie de accidentes y admisiones de culpabilidad por parte de Tim, Eloisa supo que de hecho él estaba invirtiendo mucho tiempo en el goce de la pornografía, y que el hábito se había convertido en una adicción bastante cara. Esta revelación se le hizo aun más difícil para Eloisa de gozar los encuentros sexuales poco frecuentes que ella y su esposo intentaron. “Yo me imaginaría las mujeres que observaba y que lo excitaban, y resultó que me sentía rechazada y poco atractiva. El hecho de que él optaba por eso en vez de la intimidad conmigo -- éso dolía mucho. Todavía duele. Hoy, Tim ha empezado la terapia, y él y Eloisa están lentamente, a tientas, intentando reconstruir su conexión sexual -- aunque no es nada fácil. “Siento como tenemos un camino largo y accidentado que recorrer”, dice Eloisa. El matrimonio apasionado A pesar de todos los reportajes tan drásticos emitidos por la prensa y la preocupación que se extiende por todo el país acerca del fenómeno del matrimonio que carece de sexo, mucha gente en relaciones íntimas y duraderas que fueron entrevistados para este artículo confesaron que hacían el amor con frecuencia y con mucho júbilo. Esto no es tan sorprendente para el terapeuta de sexo David Schnarch, que opina que el sexo entre las parejas tiene el potencial de evolucionar en algo inclusive más satisfactoria a través de los años -- tanto física, emocional y espiritualmente. En sus libros, Passionate Marriage and Resurrecting Sex, Schnarch ofrece una opinión optimista que nuestras vidas sexuales pueden evolucionar en algo que brinda aun más satisfacción a medida que que envejezcamos, no menos. La experta en relaciones íntimas Judith Wallerstein opina que la creación de una relación sexual amorosa y duradera es una de las tareas centrales de un matrimonio. Parte de este trabajo, dice ella, es la resolución de las tensiones entre el “yo” y el “nosotros”. Wallerstein dice que cada persona necesita su autonomía, pero añade que “la identidad compartida del matrimonio requiere un traslado del ‘yo’ del adulto joven al ‘nosotros’ duradero y sólido”. Carla France* estaba sentada en la mesa de la cocina en San Francisco esa noche escuchando cómo sus amigas revelaban sus vidas sexuales. Ella guardaba el silencio, casi le daba vergüenza -- porque, como me dijo después, su experiencia era tan distinta de los demás parejas. Ella y su esposo Paul, al parecer, tenían una relación hecha para no tener nada de sexo: los tres hijos chicos, las finanzas inestables, y los horarios de trabajo brutales. Pero el hecho es que tienen una vida sexual muy activa y una relación fuerte -- algo que Carla atribuye parcialmente a la felicidad que sienten ellos en la cama. Pamela Smythe* también estaba sentada en la mesa esa noche: Ella era la mujer que se acordaba con nostalgia los días cuando ella y su esposo no podían no tocarse en todo momento. Desde que ocurrió esa conversación, Pamela y su esposo han logrado arrancar de nuevo su conexión, y su historia puede alentar a otras parejas. Pamela dice que después de que nació su segundo hijo, la vida sexual de ellos fue a pique hasta tal punto que estaban haciendo el amor solamente una vez cada seis meses. “Siempre hemos tenido una conexión fuerte, sin embargo yo tenía más deseos sexuales, entonces yo siempre era la primera en tomar acción”, dice ella. “Pero ya ni yo quería hacerlo. Tampoco mi esposo. Estábamos tan cansados, y teníamos demasiados niños que nos fastidiaban en todo momento”. Después de varios años así, Pamela se deprimió. “Era una especie de crisis de la tercera edad. Me sentía gorda, poco atractiva, y mi esposo no me prestaba atención alguna. Sentía como si ya todo hubiera terminado para mí. Estaba pensando, “Nadie va a verme como atractiva ya, ni siquiera mi esposo’ ”. Todo cambió cuando Pamela conoció a un hombre, alguien con quien trabajaba íntimamente todo los días en un proyecto de corto plazo. Era mayor que ella, y muy casado, y Pamela no tenía interés en un ligue. A pesar de todo, ella se daba cuenta que anticipaba con mucho placer los momentos que pasaban juntos. “Teníamos una comunicación espontánea, y nos reíamos bastante”, se acuerda ella. “Él tenía interés en mí: mi vida, mis ideas. Esa chispa, flirtear, me dio el ímpetus de trabajar en función de mi relación con mi esposo de nuevo”. Entonces Pamela entabló varias conversaciones con su esposo acerca de cómo podían mejorar sus relaciones. Estas conversaciones fueron difíciles al principio: Su esposo se puso a la defensiva, hasta desesperado -- quería cambiar de tema. Persistió Pamela, y resultó que él sufría a solas en el matrimonio igual que ella, y también estaba desalentado por la falta de intimidad en sus relaciones sexuales que casi se habían esfumado por completo. Empezaban a salir juntos con frecuencia -- y empezaban a hacer el amor de nuevo. Ella le dijo que quería que le diera más cumplidos a ella y él le dijo a ella que ella tenía que trabajar en función de mejorar su irritación y su negatividad. Como resultado, las relaciones entre ellos florecieron. Están más amorosos el uno con el otro: se abrazan y se tocan mucho, como solían hacer antes y se buscan durante el día para largas conversaciones telefónicas. Y están haciendo el amor con mucho placer. “Es maravilloso tener mi vida sexual otra vez”, dice Pamela felizmente, sonriendo medio necia pero intensamente emocionada. “Me hace sentirme joven de nuevo”. Referencias Entrevista con Mary Ann Leff, un terapista en Berkeley, California Entrevista con Tato Torres, un terapista de San Francisco The Sex-Starved Marriage: A Couple’s Guide to Boosting Their Marriage Libido. Michele Weiner Davis Simon and Schuster. 2003 The Good Marriage: How &Why Love Lasts. Judith S. Wallerstein &Sandra Blakeslee. Warner Books. 1996 Passionate Marriage: Keeping Love &Intimacy Alive in Committed Relationships. David Schnarch, PhD. Henry Holt and Company. 1997 Why Zebras Don’t Get Ulcers: An Updated Guide to Stress, Stress-Related Diseases, and Coping. Robert M. Sapolsky. WH Freeman &Co. 1998 Newsweek: June 30, 2003 We're Not In the Mood: For married couples with kids and busy jobs, sex just isn't what it used to be. How stress cause strife in the bedroom -- and beyond. Resurrecting Sex: Resolving Sexual Problems and Rejuvenating Your Relationship. David Schnarch and James Maddock. HarperCollins. 2002 Revisado por Michael Potter, MD, médico asistente y profesor clínico asociado en la Universidad de California, San Francisco. Así mismo, es un profesional oficialmente certificado como médico de familia.
Publicado por primera vez 28 de marzo de 2005
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