Por Rob Waters CONSUMER HEALTH INTERACTIVEAbajo: • ¿Debo pegarle a mi hijo? • ¿Pero si a mí me propinaban zurras y estoy bien, cuál es el problema? • ¿Pero qué tiene de malo una palmadita? • ¿Pero no son las zurras efectivas? • ¿Todavía existen muchos padres que castigan a sus hijos con zurras? • ¿Cómo puedo evitar castigar a mi hijo con una zurra? • ¿Cuál es una mejor forma de disciplinar? • ¿Cuál es la mejor forma de utilizar un aislamiento temporal? • ¿Qué tipo de disciplina es la que mejor funciona? • ¿Qué pasa si de todas maneras siento que voy a romper el compromiso de no castigar físicamente?
¿Debo pegarle a mi hijo? La respuesta corta es no. Cuando su hijo se comporta mal o actúa de forma desafiante, inapropiada o inclusive peligrosa, usted quiere mostrarle que su comportamiento no es aceptable y que debe cambiarlo. El hecho de propinarle una zurra puede parecer una forma directa y efectiva de lograrlo, pero transmite otro tipo de mensajes que usted no quiere enviar: • Miedo. El castigo con zurras enseña a su hijo a que le tema (no a escucharlo o a respetarlo). Él puede también sentirse humillado y resentido y desquitarse mostrándose poco dispuesto a ayudar. Si usted se abstiene de propinar una zurra a su hijo, tendrá mejor capacidad de razonar con él y de establecer límites. |
• Violencia. Las zurras enseñan a su hijo que la violencia es una manera aceptable de resolver los problemas y de cambiar comportamientos, especialmente si alguien es más pequeño y más débil que usted. Los estudios muestran que los chicos a quienes se les propinan zurras tienen más probabilidades de golpear y pelear con otros niños. |
• Desconfianza. Las zurras o nalgadas enseñan a su hijo que cuando comete errores usted lo castigará en lugar de brindarle una orientación comprensiva. Este tipo de castigo perjudica la confianza y rompe el vínculo que existe entre usted y su hijo, el cual le permitirá tener confianza y ser próspero. |
• Baja autoestima. Muchos estudios han revelado que cuando usted golpea a su hijo, puede estar hiriendo más que su cuerpo: puede lesionar su percepción de quién es él. Puede hacer el razonamiento de que si no fuera un chico tan malo, no le pegarían. Pronto, el hecho de ser "malo" se vuelve parte de su propia identidad. Los estudios conducidos por el psicólogo Irwin Hyman y sus colaboradores en la Universidad de Temple han mostrado que no importa cuán estimulante sea una familia, las zurras siempre bajan la autoestima. |
• Peligro. Las zurras pueden ser físicamente perjudiciales si usted se deja llevar y golpea a su hijo más de lo que pretendía. Las zurras pueden algunas veces causar magulladuras, dejar hematomas (ampollas de sangre), o lesionar el tejido blando; inclusive algunos niños han tenido que ser hospitalizados por esta causa. |
¿Pero si a mí me propinaban zurras y estoy bien, cuál es el problema? Esta es una pregunta natural. Después de todo, a la mayoría de nosotros nos pegaban cuando éramos niños (el 82 por ciento de acuerdo con las últimas encuestas) y no nos fue tan mal, ¿o sí? Podemos sentir que nuestros padres hicieron bien su papel, que nos castigaban con palmadas porque nos amaban, entonces ¿por qué no podríamos practicar el mismo "amor duro" con nuestros hijos? La respuesta es que ahora sabemos mucho más que antes acerca de los efectos negativos de las zurras. Entre otras cosas, una gran cantidad de estudios muestran que los niños a quienes sus padres castigan físicamente tienen más propensión a involucrarse en conductas violentas y agresivas. No hace muchos años, algunos expertos que llevaban el liderazgo en la crianza de niños (inclusive el notable pediatra Benjamin Spock) veían las zurras como una manera aceptable de disciplinar a los niños. Pero el Dr. Spock y sus colegas están mejor informados. En la actualidad, la Academia Estadounidense de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) y otras organizaciones de salud infantil se oponen enérgicamente al castigo físico en los niños. ¿Pero qué tiene de malo una palmadita? Mucho. En un estudio publicado en julio de 2002, un psicólogo que analizó seis décadas de investigación sobre el castigo corporal, encontró que éste pone a los niños en un riesgo de daño a largo plazo mayor que el beneficio a corto plazo de una obediencia momentánea. La psicóloga Elizabeth Gershoff del Centro Nacional para los Niños Pobres de la Universidad de Columbia (Columbia University's National Center for Children in Poverty) encontró vínculos entre las zurras y la agresión, la conducta antisocial y los problemas de salud mental. Gershoff pasó cinco años analizando 88 estudios de castigo corporal llevados a cabo desde 1938. En otro estudio llevado a cabo por el psicólogo Murray Straus, director del Laboratorio de Investigación Sobre Familia (Family Research Laboratory) en la Universidad de New Hampshire, se hizo un seguimiento a 800 niños entre los 5 y 9 años de edad y se descubrió que a los chicos a quienes se les castigaba físicamente no les iba tan bien en las pruebas que medían sus capacidades para el aprendizaje. Straus piensa que la razón para que esto suceda es que los padres que no castigan físicamente a sus hijos invierten más tiempo hablando y razonando con ellos. "Cuanto menor es el castigo corporal utilizado (por los padres), más estimulación se brinda a los hijos", dice. Straus cree que si bien el castigo corporal puede hacer que los niños dejen de comportarse mal a corto plazo, esto los hace más propensos a expresarse sin inhibiciones a largo plazo. En su estudio de 1997 descubrió que cuanto más se castigaba a los niños corporalmente más propensión tenían hacia la pelea, el robo y a involucrarse en otros comportamientos antisociales. En otro estudio publicado en 1994, se encontró que los niños a quienes se les propinaban zurras en sus hogares durante los años preescolares tenían más propensión a ser físicamente agresivos con sus compañeros del jardín infantil, y que cuanto mayor fuera la frecuencia con la que se les golpeaba en casa, mayor era su agresividad. En un estudio realizado en Canadá en 1999 con 4.900 adultos también se encontró que quienes de niños recibían zurras o palmadas "algunas veces" o con "frecuencia" tenían un riesgo 2 veces mayor de desarrollar desórdenes de alcoholismo o drogadicción o problemas de comportamiento antisocial; ellos también tenían el 43 por ciento más de probabilidades de desarrollar desórdenes de ansiedad. (El estudio excluyó adultos con antecedentes de abuso sexual o físico.) Otros estudios también han mostrado que los niños a quienes se les pega o de quienes se abusa verbalmente son más propensos a sufrir de depresión o de ataques de cólera incontrolables cuando llegan a la edad adulta, arremetiendo contra los cónyuges, hijos, compañeros de trabajo y demás personas que los rodean. ¿Pero no son las zurras efectivas? Las zurras pueden funcionar de momento para detener un comportamiento molesto. Pero el cuidado de los hijos es una tarea a largo plazo y las investigaciones muestran que, a largo plazo, éstas no son efectivas. Muchos padres se dan cuenta de que una vez que empiezan a castigar físicamente a sus hijos, luego tienen que ir en escalada (es decir, propinar más palizas y más fuertes para lograr la atención de sus hijos). Golpear a un niño mientras se grita: "esta es la única forma en que puedo comunicarme contigo" es un acto que hace que la afirmación se torne cierta. Los expertos también han descubierto que, con el tiempo, las zurras hacen que los niños se tornen coléricos y resentidos; y que también muestren menos (no más) voluntad de hacer lo que se les pide. Los investigadores han descubierto que los niños a quienes se les pega usualmente no recuerdan por qué fueron castigados, entonces realmente no aprenden nada de la experiencia, sólo que usted podría pegarles cuando está de mal humor. ¿Todavía existen muchos padres que castigan a sus hijos con zurras? Sí, infortunadamente. Mientras que las tasas de castigo corporal para los niños mayores han bajado, muchos padres estadounidenses siguen utilizando las zurras para castigar a los niños menores. Los estudios muestran que cuanto más un padre haya sido castigado en su infancia, más propensión tiene a castigar a sus hijos. En una encuesta realizada en 1995 por la organización Gallup se encontró que el 94 por ciento de los padres decían haber castigado físicamente a sus hijos entre 4 y 5 años, y casi el 30 por ciento de los padres admitió que castigaban a sus hijos entre los 5 y los 12 años con correas, canaletes u otro tipo de objetos. En otra encuesta, uno de cada 10 universitarios estadounidenses a quienes se les habían propinado zurras o palizas en la niñez, dijeron que se les golpeaba tan fuerte que les habían dejado magulladuras o verdugones. ¿Cómo puedo evitar castigar a mi hijo con una zurra? Es natural ponerse furioso con los hijos algunas veces. Pero si usted establece una regla firme de que no los golpeará (nunca), evitará todas las consecuencias negativas de las zurras. Principalmente, usted no tendrá que preocuparse porque una pequeña palmadita se le vaya a convertir en un golpe peligroso. ¿Cuál es una mejor forma de disciplinar? Los chicos en edad preescolar van a llamar la atención y a probar sus límites (esto es parte de la descripción de su trabajo). Pero también lo es su deseo de aprender y de tener nuevas experiencias. A continuación, le brindamos algunas formas de disciplinar sin tener que castigar corporalmente: • Diga "hazlo" en lugar de "no lo hagas". Controle a su hijo con peticiones positivas en lugar de negativas. La experta en desarrollo infantil y autora Penelope Leach señala que decir al hijo "'No puedes dejar tu triciclo ahí', es un desafío. Esto hace que el niño piense: 'Yo puedo. Sólo mírame'. Pero si le dice 'Coloca tu triciclo allá recostado sobre la pared para que nadie se caiga encima de él' esto le dice al niño algo positivo que debe hacer". |
• Haga cumplir con límites. Reserve el "no" para reglas verdaderamente importantes y luego asegúrese de apegarse a esos límites. Por ejemplo, "Nunca salgas a la calle sin la compañía de un adulto" es una regla que usted nunca puede permitir que se rompa, inclusive si necesita que su hijo lleve un mensaje a un vecino. |
• Enseñe de manera moral. Desde los primeros momentos que su hijo comienza a mostrar que entiende las cosas, es importante enseñarle empatía y moralidad. Es decir, el niño debe aprender a actuar correctamente porque es lo correcto, no porque lo castigarán si no lo hace. Esto se puede hacer explicándole por qué no está bien hacer algo que puede ser perjudicial para los demás. Por ejemplo, en lugar de decirle: "Si tú me pegas, yo también te pego", trate de decirle "No debes pegarme porque eso me duele y tú sabes lo que se siente cuando te hieren". |
Del mismo modo, cuando usted le pida a su hijo que haga algo explíquele por qué. La frase "Porque lo digo yo" no enseña al niño nada que pueda ayudarlo a entender cómo comportarse en el mundo. "Recoge ese juguete" no brinda información al niño, pero si usted le pide que lo recoja para que su hermano menor no tropiece con él, esto le ayuda a aprender para el futuro. (En casos extremos, por supuesto, insista en que se le obedezca ahora y luego explíquele el porqué.) • Cree incentivos positivos. Convierta la limpieza en un juego, lleve a la bañera un barquito de papel para hacer un viaje por el mar, o lleve una sombrilla a la ducha para cubrirse de la tormenta. |
• Sea flexible. Es útil recordar que los niños de 3 a 6 años están aprendiendo a ser independientes, a moverse más allá de ese mundo cuyo centro es la casa y en el que han estado, para experimentar nuevas aventuras y para desarrollar relaciones con las personas que cuidan de ellos y con otros niños. Su trabajo es ayudarlos a navegar en estas nuevas aguas, motivando su deseo de autonomía, y a la vez protegiéndolos del peligro. Sea inflexible en cuestiones de seguridad, pero brinde a su hijo una oportunidad con muchas pequeñas cosas, tales como qué pantalones ponerse para salir o qué historia quiere escuchar a la hora de dormir. |
• Evite los enfrentamientos directos en la medida de lo posible. Cuando su hijo se sienta triste o decepcionado, hágale saber que esos sentimientos son normales. Háblele en privado, ayudándolo a expresarse y utilice frases como "Parece que estás molesto por eso". Al mismo tiempo, usted puede establecer límites con los comportamientos inadecuados ("Está bien que te enojes con tu hermana menor pero no le digas palabras feas"). Usted es más grande y más fuerte que su hijo y puede utilizar estos elementos para suavizar una situación y no para herir. |
• Hable acerca de lo que se debe hacer en caso de conflicto. Al disciplinar los hijos es importante explicarles de una manera calmada por qué lo que hicieron no estuvo bien y darles un ejemplo de otra forma de manejar la situación. Por ejemplo, diga a su hijo que si otro le pega, no debe devolverle el golpe. En lugar de hacer esto, debe decirle al otro niño que está bravo e informar el incidente a un adulto. Esto puede sonar a chisme, pero hagamos saber al niño que puede recurrir a alguien de autoridad cuando se enfrente a comportamientos irracionales y agresivos. |
¿Cuál es la mejor forma de utilizar un aislamiento temporal? Cuando su hijo se está comportando de forma simplemente no aceptable e ignora sus peticiones para que suspenda el comportamiento, un aislamiento temporal puede ser apropiado. La idea de un aislamiento temporal es retirar al niño de un lugar agradable donde se está comportando mal y llevarlo (por un corto tiempo) a un lugar tranquilo donde pueda calmarse, pensar en lo que pasó y controlarse (el incentivo por calmarse es que se le vuelva a llevar al lugar agradable). Utilice los aislamientos temporales de vez en cuando (de lo contrario no tendrán mucho valor) y no por mucho tiempo, porque podrían ser muy aterradores. Laura Davis y Janis Keyser, autoras de "Becoming the Parent You Want To Be" (Convertirse en el padre que usted quiere ser), recomienda utilizar las edades de los niños como guía: un aislamiento temporal de tres minutos para un niño de tres años, uno de cinco minutos para un niño de cinco años. ¿Qué tipo de disciplina es la que mejor funciona? Cuando usted sienta que debe reprender a su hijo, recuerde que, a sus ojos, su desaprobación o enojo son el castigo más grande de todos. Y cualquier consecuencia que usted imponga debe ser inmediata, porque un niño a esta edad no puede pensar en consecuencias posteriores, sólo en lo que está sucediendo aquí y en este momento. Entonces, si su hijo se comporta mal en la mañana, no le diga que no puede ver un video por la noche. Pero si hace de las suyas en el videoclub y no quiere parar, usted puede tomarlo en los brazos y decirle: "Suficiente, no vamos ya y no llevaremos el video". Y no olvide mostrarle a su hijo el tipo de comportamiento que espera de él. Si usted comete un error no tema admitirlo y decirle que lo lamenta. ¿Qué pasa si de todas maneras siento que voy a romper el compromiso de no castigar físicamente? Inclusive después de que usted se haya comprometido a no propinar zurras, algunas veces se va a sentir frustrado y enojado (esto simplemente es inevitable). Si usted es la persona central al cuidado de su hijo, cultive amistades con otros padres y establezcan horarios para el juego (esto sirve tanto para aliviar el estrés como para dar a su hijo la oportunidad de salir). Tenga amigos y familiares a quienes pueda recurrir en caso de un apuro y trate de tener algo de tiempo libre para usted. Muchas comunidades tienen líneas telefónicas para charlas con los padres, a las que puede llamar si se siente demasiado estresado y teme perder la paciencia. Su pediatra o el hospital donde atendieron su parto pueden ayudarle a conseguir una de estas líneas. A continuación citamos algunos recursos a los que puede recurrir para ampliar la información acerca de la disciplina alternativa:
Organizaciones Padres y Maestros en Contra de la Violencia en la Educación (Parents and Teachers Against Violence in Education). Como su nombre lo indica, este grupo trabaja para la erradicación del castigo físico que se impone a los niños en los hogares y las escuelas. Este grupo tiene un sitio excelente en la red (http://www.nospank.org/) que incluye cientos de artículos y estudios de investigación sobre los peligros de las zurras y otros tipos de castigos físicos, y también tiene vínculos con otras organizaciones. El Centro Nacional para el Estudio del Castigo Corporal y Alternativas (National Center for the Study of Corporal Punishment and Alternatives). Este centro para el apoyo y la investigación sobre temas relacionados con el castigo corporal en las escuelas tiene sede central en la Universidad de Temple en Filadelfia. El centro mantiene una línea de ayuda (215-204-6091) que ofrece a los padres asesoramiento en lo relacionado con problemas disciplinarios. Si le contesta la máquina, deje su nombre y número telefónico y un médico clínico le responderá la llamada en una semana. Envíe un correo electrónico a: ncscpa@blue.vm.temple.edu. Dirección en Internet: http://www.temple.edu/education/pse/NCSCPA.html.
Libros: "The Case Against Spanking: How To Discipline Your Child Without Hitting", Irwin A. Hyman, 1997: Jossey-Bass. "Raising a Thinking Child: Helping Your Young Child Resolve Everyday Conflicts and Get Along With Others", Myrna B. Shure, 1996: Pocket Books. "Systematic Training for Effective Parenting", Donald Dinkmyer, 1980: American Guidance Service. "Discipline That Works", Thomas Gordon, 1991: Plume Penguin. "Discipline with Dignity", Richard L. Curwin and Allen N. Mendler, 1988: ASCD. "Raising An Emotionally Intelligent Child: The Heart of Parenting", John Gottman, Ph.D, with Joan Declaire, 1997: Simon and Schuster. "Helping Your Child Handle Stress", Katharine C. Kesey, Ed.D., 1995: Berkeley Publishing Group. "Raising Your Spirited Child", Mary Sheedy Kurcinka, 1991: Harper.
Otros Recursos "The Case Against Spanking: How To Discipline Your Child Without Hitting", Irwin A. Hyman, 1997: Jossey-Bass. "Raising a Thinking Child: Helping Your Young Child Resolve Everyday Conflicts and Get Along With Others", Myrna B. Shure, 1996: Pocket Books. "Systematic Training for Effective Parenting", Donald Dinkmyer, 1980: American Guidance Service. "Discipline That Works", Thomas Gordon, 1991: Plume Penguin. "Discipline with Dignity", Richard L. Curwin and Allen N. Mendler, 1988: ASCD. "Raising An Emotionally Intelligent Child: The Heart of Parenting", John Gottman, Ph.D, with Joan Declaire, 1997: Simon and Schuster. "Helping Your Child Handle Stress", Katharine C. Kesey, Ed.D., 1995: Berkeley Publishing Group. "Raising Your Spirited Child", Mary Sheedy Kurcinka, 1991: Harper.
Referencias "The Case Against Spanking: How To Discipline Your Child Without Hitting", Irwin A. Hyman, 1997: Jossey-Bass.
"Raising a Thinking Child: Helping Your Young Child Resolve Everyday Conflicts and Get Along With Others", Myrna B. Shure, 1996: Pocket Books.
"Discipline That Works", Thomas Gordon, 1991: Plume Penguin.
"Discipline with Dignity", Richard L. Curwin and Allen N. Mendler, 1988: ASCD.
"Raising An Emotionally Intelligent Child: The Heart of Parenting", John Gottman, Ph.D, with Joan Declaire, 1997: Simon and Schuster.
"Helping Your Child Handle Stress", Katharine C. Kesey, Ed.D., 1995: Berkeley Publishing Group.
"Raising Your Spirited Child", Mary Sheedy Kurcinka, 1991: Harper.
Revisado por Irwin Hyman, EdD, profesor de la escuela de psicología y director del Centro Nacional para el Estudio del Castigo Corporal y Alternativas (National Center for the Study of Corporal Punishment and Alternatives) en Filadelfia.
Publicado por primera vez 25 de agosto de 2003
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